Abelardo de la Espriella se posesiona hoy, 07 de agosto, como presidente de Colombia durante los siguientes 4 años, una investidura atípica que nos brinda elementos interesantes para analizar . 

Las ceremonias de investidura de los presidentes de la República de Colombia han tenido tradicionalmente como escenario a Bogotá, la fría y majestuosa capital del país. Desde los primeros años de la República, la ciudad ha sido el centro político desde el cual se ha organizado buena parte de la vida institucional del país. Esta vez será diferente, el electo presidente ha tomado la decisión de celebrar su posesión en Cali, aunque inicialmente estaba contemplado realizarse en Popayán. La ceremonia tendrá lugar en una ciudad que durante los últimos años se convirtió en uno de los principales escenarios de conflicto social, violencia urbana y disputa política del país. Por eso, entender lo que significa comenzar el nuevo gobierno desde allí nos envía  inevitablemente un mensaje sobre las prioridades territoriales que se pretende asumir.

Las ceremonias de posesión no sólo son un acto formal en donde se transfiere el poder, también es un momento que comunica prioridades, construye símbolos y determina a grandes rasgos la forma en la que se pretende ejercer el poder.  En este caso, trasladar el centro simbólico de la investidura desde Bogotá hacia Cali permite formular una pregunta interesante: ¿estamos ante una simple modificación del protocolo o ante el primer gesto de una política que pretende mirar con mayor atención hacia los territorios?.

 

Históricamente, Colombia ha tenido  una relación compleja entre el centro político y sus regiones. Bogotá concentra buena parte de las instituciones nacionales, mientras que muchas de las tensiones que determinan la estabilidad del país se producen lejos de la capital: violencia, economías ilegales, desigualdad territorial, débil presencia estatal y dificultades de acceso a servicios públicos. La capacidad de gobernar Colombia exige mucho más que administrar desde el centro del país, requiere comprender que existen grandes diferencias entre territorios y que se deben desarrollar capacidades institucionales para responder a ellas.

En este sentido, tomar posesión en Cali puede convertirse en un acierto si se encamina de manera correcta, pues se estaría encaminando a la voluntad real de acercarse a los territorios, lo que luego tendrá que traducirse en políticas públicas, inversión, seguridad, fortalecimiento institucional y capacidad de diálogo con comunidades que no necesariamente comparten el proyecto político que acaba de llegar a la Casa de Nariño. De lo contrario, sería un desacierto al quedarse únicamente como un  gesto simbólico.


De la Espriella llega a la Presidencia después de una segunda vuelta extraordinariamente estrecha: obtuvo 12.960.166 votos frente a 12.708.312 de Iván Cepeda, una diferencia de apenas 251.854 sufragios. Por eso, la ceremonia de hoy puede leerse también como el primer capítulo de una pregunta mucho más amplia: ¿cómo gobierna un presidente elegido por una sociedad prácticamente dividida en dos?. Las respuestas no estarán únicamente en el discurso de posesión ni en la ciudad escogida , se encontrarán en la capacidad del nuevo gobierno para convertir una victoria electoral en una agenda de Estado capaz de representar también a  todos los territorios y a quienes no lo eligieron.